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domingo, 9 de diciembre de 2012

Historia sin nombre (7)


-¿Dónde lo viste?- Me preguntó por fin mirándome, agrandando sus ojos.
-En una habitación, no estoy seguro de dónde era, o si era un sueño, pero lo vi. No sé si será él, pero tenía el cabello gris...
-Si! mi hermano era así. ¿Cómo vestía?
-Una camisa blanca y...
-Un jean azul.
-Exacto.
El niño sonrió y mantuvo la cabeza en alto durante toda la conversación, y entusiasmado me hizo algunas preguntas más, y finalmente, nos dormimos en nuestras respectivas camas.

Desde ese día, no volví a experimentar golpes, ni nada raro. En cambio, todo era monotonía en aquel lugar. Despertarse, desayunar, dormir, comer y finalmente, volver a dormir. Una rutina.
Hasta un día, en que Adriel me mandó a llamar,  dándole un mensaje a uno de los muchachos encargados de la limpieza.
-Está detrás de la casa de enfrente- me dijo con voz baja aquel muchacho desconocido- no digas a nadie que vas hacia allí.
Y marchándose me dejó con un montón de dudas. ¿Qué querría Adriel?

Seguí el camino que me había indicado, hasta la casa de enfrente. En la parte trasera  estaba Adriel, arrodillado en el suelo, guardando cosas que no pude distinguir en unos morrales viejos que yacían a su lado.
-¿Qué pasa...?- le dije acercándome lentamente a él.
Me hizo señal de que callara.
- Alguien podría oírnos...
Estaba aún más desconcertado.
-¿Puedes decirme qué haces aquí, tirado en el suelo, guardando objetos y actuando tan extraño?
-Iremos a buscar a mi hermano- dijo levantando la vista, dejando ver sus brillosos ojos grises.
-Perdón. ¿Iremos?
-Sí, tú irás conmigo. Te guste o no.
-Mocoso, ¿quién te crees para hablarme así y arrastrarme a hacer algo que no quiero?, Además ¿Cómo buscarás a tu hermano? No tienes automóvil, ni siquiera tienes idea de dónde podría estar tu hermano. Seguramente estará muerto por ahí.- le dije. Sólo con haber pronunciado la última frase, me sentí realmente estúpido.-L-lo siento- Le dije, intentando arreglar una vez más mis frases estúpidas.
No me miró  por largo tiempo, sólo guardaba sus cosas en los morrales, haciendo caso omiso a mis disculpas.
-Si de verdad lo sientes, acompáñame en la busca de mi hermano

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